Las mujeres viven desiguales circunstancias sociales y políticas porque
suelen ser instrumentos para los fines de otros. Ello hace que tengan
menos oportunidades de vivir libres de temores y las condena a tener unas
capacidades humanas desiguales (NUSSBAUM, 2002). Las mujeres, como
nos indica la cita de Virginia WOOLF, al principio de este libro, han sido siempre
pobres, desde el principio de los tiempos, y han gozado de menos
libertad que los esclavos atenienses.