La vida pone a veces a prueba a la poesí a y le demanda un nombre para aquello que no lo tiene. A sangre y fuego, terriblemente. Si no sirve entonces, no servirá nunca. O solo será retó rica, ejercicio de estilo. Mejor callar entonces. Los nombres de la nieve nace de una de esas pruebas, de uno de esos momentos en que las palabras se confunden con un aullido y construyen un salmo negro no nacido para alabar a Dios sino para maldecirlo. Sabemos que la nieve quema. El libro que ha escrito Dionisio Ló pez, tambié n. Javier Rodrí guez Marco