En esta colección, Eva Rossi rinde homenaje a la seguridad que seduce sin pedir permiso. Hoteles impersonales, encuentros fortuitos, conversaciones que nacen de una espera frustrada. El universo femenino aparece decidido, elegante, dueño de su tiempo y de su imagen. El relato que da título al libro se detiene en un gesto aparentemente banal: una mujer de pelo corto que mira el reloj y sonríe con ironía. "No ocultaba nada, y quizá por eso lo decía todo", piensa el narrador cuando sus miradas se cruzan. Rossi construye la tensión a partir del diálogo, del reconocimiento mutuo, de la atracción que se afirma sin exageraciones. El deseo surge de la confianza, de la franqueza, de esa belleza que no necesita adornos. Cada página vibra con la certeza de que algunas mujeres entran en una habitación para quedarse. Y cuando lo hacen, el mundo aprende a observarlas de otro modo.