Las narrativas cinematográficas ejercen un gran poder sobre el público. Transmiten y construyen relaciones de género y sexualidades, lo que hace que sea de extrema relevancia la investigación de los discursos, prácticas y efectos del cine en la constitución de valores y representaciones sociales, y también contribuyen a delimitar los roles dicotómicos entre hombre/mujer, masculino/femenino, hetero/homo, así como a investigar enfoques que problematizan las sexualidades de manera interseccional. Se ha priorizado el cine como un lugar de creación marcado por la experiencia de las identidades homoeróticas. En este sentido, se han analizado cinco películas: XXY, de Lucía Puenzo; Plata quemada, de Marcelo Piñeyro; Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea; Madame Satã, de Karim Aïnouz; y Elvis & Madona, de Marcelo Laffitte.