El señ or B. Otis, que era un ministro de Amé rica, compró Canterville Chase aunque todo el mundo le habí a avisado que en ella existí a la presencia de un fantasma. El propio dueñ o le habí a hecho tal confirmació n puesto que no querí a engañ arle con su compra. Una vez adquirida la casa el señ or Otis se fue a vivir en ella trasladá ndose a Inglaterra, y desde el primer momento empezaron a suceder cosas extrañ as dentro de la
vivienda. Por ejemplo nunca pudieron quitar una mancha de sangre que volví a a aparecer cada vez que la limpiaban.
El fantasma empezó a pasearse por los pasillos para intentar atemorizar a los nuevos inquilinos, pero su sorpresa fue mayú scula cuando se dio cuenta de que ningú n familiar tení a miedo ante su presencia. Este hecho provocó que el fantasma de Canterville comenzase a deprimirse. La depresió n iba en aumento cada vez que el fantasma intentaba asustar a alguno de la familia. Ademá s cuando lo intentaba siempre los hijos del señ or Otis inventaban algo para perjudicarle y que acabara siendo é l el asustado y tení a que marchase, atemorizado completamente.
Un dí a el fantasma, que no encontraba solució n a su problema, decidió ir a la biblioteca de la mansió n y cuando llegó allí y vio a la bella Virginia decidió que ya no debí a permanecer má s tiempo en esa casa despué s de reconocer a la dulce hija del señ or Otis. Simó n, que ese era el nombre del fantasma, estaba sentado en un silló n y le dijo a Virginia que é l era ascendiente de la familia de Canterville y que estaba en la casa porque habí a asesinado a su mujer y que llevaba así unos trescientos añ os. Su decisió n era que debí a morir y para ello necesitaba la ayuda de una doncella que fuese pura y noble. Cuando el fantasma le comentó a Virginia su deseo esta accedió a acompañ arle en su lecho de muerte y é l, en agradecimiento, le regaló unas joyas antes de morir.
Una vez fallecido el fantasma, las flores de Canterville Chase volvieron a crecer y la mancha de sangre desapareció . Poco despué s Virginia se casó y por fin el fantasma pudo descansar en paz. El dí a de su boda Virginia fue interrogada por su marido sobre aquello que habí a pasado con el fantasma pero esta le dijo a Cecil que no le preguntase nunca sobre ello y que era allí junto al fantasma, donde habí a aprendido el significado de la muerte y solo podí a ser vencida por el amor que sentí an el uno por el otro.