La idea del comportamiento civilizado en la Edad Media y Moderna estaba íntimamente relacionada con la representación de la mujer como modelo de la virtud. El refinamiento, la piedad y templanza que mostraban las damas virtuosas en el interior de los palacios serían ejemplos para los hombres con modales rudos adquiridos en los campos de batalla, o los entornos de la sociabilidad masculina. La virtud parece ser mujer, y el vicio hombre, afirmaba con ingenio la dama Emilia Pía en el libro El Cortesano de Castiglione.
La definición de las cualidades típicamente femeninas, y cómo estas se expresaban en la práctica, sin embargo, variaba conforme al papel que se atribuía a la mujer en la sociedad, y según la época. En este libro destacados especialistas analizan la virtud femenina desde los campos de la historia, la literatura y la filosofía, y la contrastan con la representación misógina de la mujer como disoluta y pérfida, igualmente omnipresente en la época. Pasan revista a damas nobles, damas de corte, poetas, monjas, reinas, embajadoras, y se analizan textos literarios y otras fuentes desde los tiempos de los trovadores hasta la Ilustración y el ocaso del Antiguo Régimen, con el fin de estudiar como los diferentes modelos de virtud favorecieron y restringieron la actuación de las mujeres en la sociedad en aquellos tiempos.