En las últimas décadas se ha observado una transformación constante con repercusiones urbanísticas en casi todos los sectores del comercio minorista. Esto se refleja en el paisaje urbano. Especialmente en los centros urbanos se producen consecuencias negativas, como locales comerciales vacíos, escaparates abandonados y zonas peatonales desiertas. Este fenómeno se observa tanto en las grandes ciudades como en las localidades más pequeñas de las zonas rurales. El objetivo de este artículo es analizar qué servicios y condiciones debe ofrecer una ubicación en el ámbito rural para que se instalen allí nuevos comercios. Además, se pretende aclarar qué posibles usos alternativos pueden darse a los locales comerciales vacíos.