Entre miradas, pasillos llenos y cosas que en realidad no tienen importancia, Emma empieza a darse cuenta de que a Marcos ya no le da igual. No ocurre nada fuera de lo común nada raro, no hay confesiones ni momentos perfectos, solo miradas que duran un segundo más de lo normal, silencios que dicen demasiado, y esa sensación rara de que algo está cambiando sin que nadie lo diga. Mientras todo parece igual por fuera, Emma intenta entender porque piensa tanto en él y que significa sentir tanto por alguien que apenas hace nada... y por qué ya no puede dejar de mirarlo.